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El margen de los libros de texto se va fuera del centro: por qué y cómo se queda dentro

Cada primavera el centro decide qué libros se usarán, publica las listas, las comunica y atiende las dudas de las familias durante semanas. Y cada verano la compra se cierra en otro sitio. El trabajo que genera la demanda está dentro; el margen de la venta, fuera. Este artículo va de esa asimetría y de qué hace falta para corregirla.

Quien fija la lista genera la venta, y la venta ocurre en otro sitio

El circuito es tan conocido que ya casi no se mira. El centro elige los títulos del curso siguiente, los organiza por curso, optativa e itinerario, publica las listas y responde durante semanas a las preguntas que generan. Después llega el verano y la familia compra. Y la compra se cierra fuera: en una librería, en una papelería, en una plataforma de comercio electrónico.

No hay nada irregular en ello ni motivo para el reproche, porque es como se ha hecho siempre, y quien despacha esos libros presta un servicio real. Lo que sí merece una mirada es el reparto. La parte que crea la demanda —la decisión pedagógica, la lista, la comunicación, la atención a las dudas— la pone el centro. El resultado económico de una venta que no existiría sin esa parte se queda en quien la despacha.

El centro origina la operación y no participa de ella. La carga administrativa de la campaña es otro problema; este artículo va del dinero.

  • El centro decide los títulos y publica las listas por curso, optativa e itinerario.
  • El centro comunica la campaña y atiende las dudas de las familias.
  • La compra se cierra fuera, y con ella se va el margen de distribución.

Qué dice la ley española sobre el precio del libro de texto

Antes de hablar de márgenes importa saber en qué marco se mueve el precio, porque en España el libro no se vende como cualquier otro producto. El artículo 9 de la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas, obliga a quien edita, importa o reimporta libros a establecer un precio fijo de venta al público, que puede oscilar entre el 95 % y el 100 % de ese precio.

Los libros de texto tienen tratamiento propio. El artículo 10 de esa misma ley enumera los libros excluidos del precio fijo y en su apartado g) menciona «los libros de texto y el material didáctico complementario editados principalmente para el desarrollo y aplicación de los currículos correspondientes a la Educación Primaria y a la Educación Secundaria Obligatoria». En esas dos etapas el precio es libre. La exclusión tiene un límite. No menciona el Bachillerato ni la Formación Profesional, cuyos manuales quedan bajo el régimen general del artículo 9. Un centro que atienda varias etapas convive con dos marcos distintos en la misma campaña.

De ahí se deduce lo más importante. No existe un porcentaje de margen que valga para todos. Depende de la etapa, del catálogo, de los volúmenes y, sobre todo, de lo que cada centro negocie con su editorial o su distribuidor. Lo que sí puede afirmarse es el mecanismo: cuando el vendedor es el centro, el margen de distribución que hoy se queda fuera pasa a quedarse dentro.

Fuente: Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas, artículos 9 y 10 (Boletín Oficial del Estado, 2007; texto consolidado).

  • Artículo 9: precio fijo, con venta al público entre el 95 % y el 100 % de ese precio.
  • Artículo 10.g): fuera del precio fijo, los libros de texto y el material didáctico complementario de Primaria y ESO.
  • Bachillerato y Formación Profesional no figuran en esa exclusión.

Qué cambia cuando el vendedor es el propio centro

El cambio es de titularidad de la venta, no de canal, y esa diferencia explica todo lo demás. En el modelo con el que funciona PenwinBooks, el vendedor legal es el centro. La familia compra al centro, el centro emite la factura y el dinero entra directamente en sus propias cuentas. PenwinEdu no custodia fondos en ningún momento; no hay saldo intermedio ni liquidación posterior que esperar.

En la práctica, el centro conecta sus propias cuentas de Redsys o de Stripe y cobra desde el primer día de campaña. Para la tesorería la diferencia es concreta, porque el ingreso está disponible cuando entra, no cuando un tercero decide transferir lo recaudado.

Y hay una consecuencia de fondo. Si el vendedor es el centro, la relación económica con la familia también es suya. Eso es lo que permite que el margen se quede dentro, y también lo que trae obligaciones nuevas.

La inversión necesaria para empezar es ninguna

Aquí es donde una idea razonable suele caerse. Montar una tienda propia suena a proyecto tecnológico, y eso suena a presupuesto y a plazo. No lo es. PenwinBooks cuesta un 1,5 % sobre lo vendido. No hay cuota fija, ni coste de alta, ni licencia anual, ni pago por implantación. De cada 100 € que el centro vende a las familias, 1,50 € son la comisión de PenwinEdu; el resto entra en las cuentas del centro.

Dicho sin rodeos, el centro no adelanta dinero ni asume coste de desarrollo tecnológico. Se paga solo cuando se vende, así que una campaña pequeña cuesta poco y un año sin ventas no cuesta nada. Es un porcentaje sobre una venta que hoy se está produciendo igualmente fuera, no una inversión que amortizar en tres cursos.

Las comisiones de la pasarela siguen su curso habitual y no pasan por PenwinEdu. Como las cuentas de Redsys o de Stripe son del centro, es la propia pasarela la que le factura directamente, con las condiciones que este tenga negociadas con su banco.

  • 1,5 % sobre lo vendido, sin cuota fija, coste de alta, licencia anual ni pago por implantación.
  • Se paga solo cuando se vende, así que un año sin ventas no cuesta nada.
  • Las comisiones de pasarela las factura Redsys o Stripe al centro, con sus condiciones.

A dónde puede ir ese ingreso

Un ingreso nuevo obliga a una decisión de gobierno del centro. Qué se hace con él. Nada técnico. Las destinaciones que suelen plantearse son previsibles y legítimas. Reforzar las becas propias. Alimentar un fondo de ayuda para las familias que llegan justas a septiembre. Sostener un programa de reutilización que hoy va a pulmón.

Ahora bien, hace falta una advertencia honesta. En los centros sostenidos con fondos públicos, las aportaciones económicas de las familias y la venta de bienes y servicios están sujetas a reglas propias, y cada administración educativa autonómica fija las suyas, con criterios que no coinciden entre comunidades. Antes de dar por supuesto cualquier destino, contraste el encaje con la normativa de su comunidad y con la asesoría del centro. Es solo una comprobación previa. Lo que no debe hacerse es anunciarlo a la comunidad educativa antes de haber verificado que encaja.

Lo que el centro asume a cambio

Si el artículo terminara en el apartado anterior no sería creíble, porque ser vendedor tiene contenido. Un centro que vende emite facturas y las conserva. Atiende a la familia que reclama porque le falta un título o porque su hijo ha cambiado de optativa. Gestiona entregas y devoluciones, y para eso necesita una política escrita antes de la campaña, no improvisada en el mostrador un martes de septiembre.

La plataforma ordena ese trabajo, y ordenarlo no es poco: catálogo propio, listas por curso y por ciclo formativo, campañas con ventanas de fechas, cobro por Redsys o Stripe, en efectivo o a plazos, gestión de vales y subvenciones, entrega y recogida, y un panel con lo vendido, lo pagado y lo pendiente de entregar.

Pero la relación con la familia sigue siendo del centro, y esa parte no se delega. Es un cambio de rol asumible, no un regalo, y quien le presente esto como dinero que aparece solo le está contando la mitad.

  • El centro emite la factura y responde ante la familia.
  • Hace falta una política de devoluciones decidida antes de abrir la campaña.
  • Alguien del centro asume el papel de vendedor durante las semanas de campaña.

A quién le encaja especialmente

Vale para cualquier centro que publique listas de material, pero hay tres situaciones en las que se vuelve evidente. La primera son las redes de colegios y las fundaciones titulares de varios centros, donde si el margen se multiplica por toda la red, la diferencia entre generarlo y regalarlo deja de ser menor. PenwinBooks es multi-centro y permite gestionarlos todos desde la misma plataforma, cada uno con su catálogo, sus listas, sus ventanas de campaña y su panel de seguimiento.

La segunda son las AMPAs y asociaciones que ya organizan compra colectiva. El trabajo ya se hace; lo que falta es el circuito ordenado: listas por curso, ventana de venta y cobro directo por quien organiza. La tercera son los centros que sostienen un programa de ayudas o de reutilización, donde un ingreso propio resuelve la pregunta incómoda de cada año: de dónde sale el dinero del fondo.

Tres preguntas antes de decidir

Ninguna es tecnológica y las tres se responden dentro del centro. Primera, ¿qué condiciones obtiene de su editorial o de su distribuidor si compra para vender, y cómo cambian entre las etapas de precio libre y las de precio fijo? Sin esa respuesta no hay conversación sobre márgenes, solo especulación. Segunda, ¿qué dice la normativa de su comunidad autónoma sobre esta vía de ingreso y sobre el destino que piensa darle? Tercera, ¿quién asume el papel de vendedor, con nombre y apellidos, durante las semanas de campaña? Si esa pregunta no tiene respuesta en junio, la tendrá en septiembre, solo que peor.

Si las tres encajan, la decisión es sencilla, porque el riesgo económico de intentarlo es prácticamente nulo. El estudio previo es sin coste ni compromiso.

Fuentes

  1. Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas, artículos 9 y 10 (Boletín Oficial del Estado, 2007; texto consolidado)

PenwinBooks convierte la lista de material de su centro en su propia tienda: la familia compra al centro, el centro factura y cobra en sus cuentas, y PenwinEdu solo pone la tecnología por un 1,5 % sobre lo vendido. Escríbanos a info@penwin.org y montamos la campaña de su centro.