Blog · Equipamiento y presupuesto
Qué mirar antes de comprar pantallas interactivas para el centro
Pedir tres presupuestos de pantallas interactivas es fácil. Compararlos, no tanto. Las tres ofertas dirán 4K, táctil y Android, y los precios se separarán varios miles de euros sin que quede claro por qué. La diferencia suele estar en un puñado de líneas de la ficha técnica que casi nadie lee, y en el servicio posventa, que no aparece en ninguna ficha.
El tamaño lo decide el último pupitre, no la sala de exposición
El error más caro se comete antes de mirar ninguna especificación: elegir el tamaño por lo bien que se veía en la exposición del proveedor. Lo que manda es la distancia al pupitre más alejado. Una pantalla que se lee sin esfuerzo a tres metros deja de leerse a siete, y el último pupitre siempre está más lejos de lo que se calcula de memoria.
El síntoma de haberse quedado corto no salta a la vista. El docente amplía el zoom, con lo que cabe menos contenido en pantalla. Corregirlo obliga a cambiar el panel. La gama de educación de iiyama, la marca de pantallas interactivas con la que trabajamos en las dotaciones de aula, cubre de 55 a 105 pulgadas, y el fabricante publica un simulador de sala.
En la resolución lo que se juega es la letra pequeña
Las series interactivas de aula trabajan hoy en 4K UHD (3840 x 2160) a 16:9. Dada por supuesta la resolución, el criterio pasa a ser cuántos píxeles ocupa una letra vista desde el fondo del aula. Hay dos cosas que «4K» no cubre.
El brillo y el contraste, porque un aula con ventanas grandes no se comporta como una sala de reuniones, y las fichas consultadas declaran entre 500 y 550 cd/m² y un contraste estático de 5000:1. Y que la resolución solo sirve si la señal llega en esa resolución, porque un portátil antiguo, un cable malo o una fuente que emite a 1080p convierten un panel 4K en un panel de 1080p caro.
Cuántas manos a la vez, y con qué se escribe
Los puntos de contacto simultáneos y los puntos de escritura simultáneos no son lo mismo, y las fichas los declaran por separado: un modelo de 55 pulgadas de la serie TE13A declara 40 puntos de contacto y 10 de escritura; uno de 65 de la TE15A, 40 y 32. Si van a escribir dos o tres alumnos a la vez, el número que importa es el segundo. Y la cifra depende del sistema: no se comporta igual la pantalla con su Android integrado que conectada a un ordenador.
Escribir con el dedo y con lápiz tampoco es lo mismo. Estos modelos admiten dedo, lápiz pasivo (sin pilas ni emparejamiento) y guante, e incorporan rechazo de palma, que permite apoyar la mano al escribir sin que la pantalla lo lea como un trazo. Hasta la sensación de «va con retraso» está en la ficha: 200 Hz de escaneo, 5 ms de respuesta táctil y ±1 mm de precisión.
El cristal, que en un aula de primaria no es un detalle menor
Un aula de primaria trata al cristal como una sala de reuniones nunca lo hará. Las fichas declaran espesor y dureza: 3,2 mm y 7H en los modelos consultados. Pida ese dato por escrito. Ahí se nota un panel de oficina colocado en un colegio.
El otro apartado es la superficie: revestimiento antibrillo, cristal antirreflejos, recubrimiento antibacteriano y una laminación del cristal al panel —Optical Bonding o Zero-Gap Air Bonding, según la serie— que elimina la separación entre el punto donde se apoya el lápiz y el punto donde aparece el trazo. Ese desfase, el paralaje, explica que algunas pantallas resulten incómodas para escribir sin que nadie sepa decir por qué. En una demostración de veinte minutos no se aprecia; en un curso entero, sí.
El sistema que lleva dentro envejece antes que el panel
Casi todas traen un Android integrado que arranca sin ordenador conectado, y ahí está la pregunta que más se olvida. El panel dura: iiyama cifra la vida de una pantalla de gran formato en al menos 40.000 horas y recomienda no pasar de 18 horas diarias. El software no dura tanto. Una pantalla comprada hoy seguirá encendiéndose dentro de ocho cursos; su Android será antiguo mucho antes.
Así que la pregunta es cuánto tiempo se mantiene ese sistema y si hay calendario publicado. La versión que trae hoy importa menos. Y es comprobable. Las fichas de los modelos actuales indican iiWare 21E sobre Android 14 y anuncian el salto a Android 16 para el cuarto trimestre de 2026, y que esté en la ficha y no solo prometido en una reunión ya dice algo. Si el centro prefiere no depender del sistema integrado, estas pantallas admiten un módulo OPS extraíble (iiyama ofrece uno con Windows 11 IoT Enterprise) y hay una serie sin sistema operativo, la TN05, para gobernar el equipo desde el propio parque informático.
Por dónde va a entrar la clase
Lo operativo es cómo va a conectarse el profesorado en el minuto que hay entre dos clases. El número de entradas dice poco. Si proyectan desde su portátil, un USB-C que lleve vídeo, datos, táctil y alimentación por el mismo cable ahorra ese minuto y un cajón de adaptadores: en los modelos revisados entrega hasta 100 W y devuelve el táctil al equipo del docente. Si proyectan desde el móvil o una tableta, lo que importa es la compartición inalámbrica y con qué sistemas es compatible.
La compatibilidad con lo que el centro ya usa se resuelve en el mismo apartado. Estos modelos están certificados por Google EDLA, la licencia empresarial que da acceso a aplicaciones y cuentas de Google en el propio panel, y el fabricante indica compatibilidad también con Microsoft 365. Confirme que el inicio de sesión funciona con la cuenta del docente y no con una cuenta genérica del aula, porque cambia el día a día y el rastro de datos que queda en un equipo compartido.
La instalación física es media compra
Una pantalla de aula pesa lo que pesa: 28,7 kg un modelo de 55 pulgadas y 43,5 kg uno de 65, según las fichas. Eso descarta ciertos tabiques sin refuerzo. La medida VESA tampoco es una sola. Cambia con el tamaño (400 x 400 mm en un modelo, 600 x 400 en otro), así que el soporte que sirvió en un aula puede no servir en la siguiente.
Después está la altura. Colocada a la cómoda para un adulto, la mitad inferior de la pantalla queda fuera del alcance de un alumno de primaria, y es justo donde se escribe. Hay soportes fijos, soportes de pared con ajuste de altura eléctrico y carros con ruedas, y elegir uno u otro es una decisión pedagógica antes que técnica.
Quedan los dos detalles que más instalaciones retrasan: el enchufe y el punto de red. Estos paneles llevan red por cable y consumen del orden de 170 W, así que hace falta toma eléctrica y roseta de datos donde va la pantalla, no a cuatro metros. Si no las hay, la instalación deja de ser un montaje y pasa a ser una pequeña obra: mejor saberlo al presupuestar que el día del camión.
La garantía y el servicio separan una buena compra de un problema
Una pantalla averiada deja un aula sin poder dar la clase programada. Y no es lo mismo una garantía que obliga a desmontar un panel de más de cuarenta kilos, embalarlo y enviarlo que una con intervención o sustitución en el propio centro. iiyama publica para sus clientes de educación una garantía de cinco años con intercambio in situ, y remite a su sección de garantía para las condiciones y los países donde aplica. Pida esa letra pequeña por escrito con el modelo concreto delante, porque se declara por producto.
Queda una pregunta más, y esta se la hace uno a quien instala y mantiene: quién se presenta, en cuánto tiempo y quién desmonta y vuelve a montar el panel. La garantía cubre la pieza; el servicio devuelve el aula a funcionamiento.
Cuando no es una pantalla, son cuarenta
Un centro con dos pantallas se gestiona yendo al aula; uno con cuarenta en cuatro plantas, no. A partir de cierto número la pregunta deja de ser qué hace la pantalla y pasa a ser cómo se gobierna el conjunto: cuáles están encendidas, cómo se actualizan todas sin subir aula por aula, cómo se agrupan por etapa o edificio. iiyama resuelve esa parte con iiControl, su sistema de gestión de dispositivos, que permite supervisar el estado, ejecutar comandos programados y actualizar en lote desde una sola plataforma. Si la compra va por fases a lo largo de varios cursos, mantener la misma gama y la misma plataforma evita acabar con cinco maneras distintas de hacer lo mismo.
Qué llevar a la mesa antes de firmar
Ninguna de estas preguntas exige conocimientos técnicos y todas tienen respuesta documental. Quien las contesta con la ficha del fabricante delante ofrece una cosa concreta; quien las contesta con adjetivos, otra distinta.
- Tamaño elegido por la distancia real del último pupitre, en cada tipo de aula.
- Puntos de contacto y de escritura simultáneos, y con qué sistema se obtiene cada cifra.
- Espesor y dureza del cristal, tratamiento antirreflejos y tipo de laminación.
- Versión del sistema integrado, calendario de actualizaciones y opción de módulo OPS.
- Entradas de vídeo, USB-C con alimentación y compatibilidad con las cuentas del centro.
- Peso, medida VESA, tipo de soporte y altura de la banda inferior para la etapa que usa el aula.
- Toma eléctrica y punto de red en la ubicación prevista, o partida para llevarlos.
- Años de garantía, reparación en el centro o en taller y plazo de respuesta comprometido.
Fuentes
- iiyama, fichas técnicas de las pantallas interactivas de la gama de educación (series TE13A, TE15A y TN05)
- iiyama, condiciones de garantía para clientes de educación: cinco años con intercambio in situ, declaradas por producto y país
- iiyama, iiControl, plataforma de gestión de dispositivos para pantallas de gran formato
- Google, certificación EDLA para dispositivos Android de empresa, que habilita las aplicaciones y las cuentas de Google en el propio panel
En PenwinEdu el aula digital cubre la dotación del aula, la formación docente por ciclos, el plan de renovación plurianual y la financiación flexible; trabajamos con pantallas interactivas iiyama, y el servicio técnico atiende las incidencias en menos de cuatro horas hábiles. El estudio previo es sin coste ni compromiso. Si prepara la compra para el próximo curso, escríbanos a info@penwin.org.